A. Preparación
Se recomienda verter el hormigón preferentemente dejando juntas en forma de anos, colocándolo por vibración y terminando con una llana de madera. Espera hasta que el hormigón portante sea transitable. Debe utilizarse hormigón dosificado C25-C35 con suficiente resistencia a la compresión y al menos 10 cm de grosor para formar un suelo sólido. Asegúrate de que no haya exceso de agua en la superficie. El hormigón está listo para la aplicación del endurecedor superficial cuando hay una huella de 0,5-1,5 cm de profundidad al presionarla sobre la superficie del hormigón.
B. Aplicación
Una vez finalizado el proceso de hormigonado, se aplican 2/3 del material a la superficie de hormigón fresco espolvoreándolo homogéneamente en la fase en que alcanza la consistencia para formar una huella. Tras esperar un rato, se asegura que se asiente en el hormigón mediante acabado con disco. A continuación, en la segunda etapa, se espolvorea el 1/3 restante del material sobre la superficie de hormigón fresco. El proceso de acabado continúa hasta que la superficie se vuelve plana y lisa mediante el acabado con disco de nuevo. Tras el pulido basto, debe iniciarse el pulido fino y garantizarse la lisura de la superficie con cuchillas pulidoras metálicas helicoidales de alta velocidad hasta alcanzar el brillo deseado. Después de que el hormigón adquiera resistencia, deben formarse juntas cortando los ánodos, y estas juntas deben rellenarse con material de relleno adecuado. Durante la aplicación, la luz solar directa, el calor, la lluvia y el viento afectarán a las reacciones de fraguado del hormigón.